martes, 8 de septiembre de 2015

Ciclovía

Una sola cuadra refleja ese diseño hermoso para pasear en bicicleta y disfrutar de hacer ejercicio que bien trae salud al cuerpo. Ups!!! ¿Quién puso ese poste ahí? ¡Hay! siempre es hermoso saber que quienes diseñan piensan en todo… esa es mi ciudad. 

La rusia

El sol ilumina la cara de “la Rusia”. Coge sus pilchas y las acomoda al fondo del palacete. Se levanta y emerge desde el puente que la cobija. Sonríe, un nuevo día fortalece la esperanza de tener una oportunidad. La sociedad me abandono dice pero, paradójicamente, su ciudad le ha acogido. La conoce y se siente protegida. Cada plaza es una oportunidad. Espera el momento que su querida cuidad le tienda una mano. Cuando el sol se esconde, vuelve a su palacio como le gusta llamarle y, dejándose acariciar por el sueño, espera un nuevo día, una nueva esperanza.

El Pilucho

¿Dónde nos juntamos? Era la clásica pregunta de los domingos de fútbol en Ñuñoa. En el Pilucho gritaba otro. Ya pues, nos vemos. El pilucho griego estaba ubicado en sus inicios al centro de avenida Grecia como una isla referencial para todos los futboleros. Allí historias de amor, de victorias y derrotas se han cobijado en un monumento a las olimpiadas de la antigua Grecia y que, con el tiempo, se niega a envejecer y sigue siendo para los nostálgicos como yo, un recuerdo imborrable de jornadas apasionantes de fútbol familiar.

El Muro

A tres cuadras hay un muro abandonado, triste y despreciado pero con un gran mensaje: “El pueblo unido….” el resto, borrado por un vota A-19.

El Block

Cuatro de la tarde y hace un calor infernal en Santiago. Todos buscan refugio, si hasta los perros buscan esa sombra dada por los Blocks de nuestra comuna. Todos simétricos y feos. Pensados para ser habitados por quienes debíamos estar lejos. Ojala no existiéramos pero estamos y somos parte de la ciudad, no pedimos igualdad sino justicia

Infelicidad

Corro por mi vereda, miro a la distancia y observo con desdén como se han destruido las calles. El día ilumina el carácter sádico de las mentes que viajan de aquí para allá alegando por el estado de las calles y, sin embargo, no se molestan en firmar una solicitud de arreglo. Si no somos comprometidos, la ciudad se morirá de infelicidad.