Corro por mi
vereda, miro a la distancia y observo con desdén como se han destruido las
calles. El día ilumina el carácter sádico de las mentes que viajan de aquí para
allá alegando por el estado de las calles y, sin embargo, no se molestan en
firmar una solicitud de arreglo. Si no somos comprometidos, la ciudad se morirá
de infelicidad.
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